Hoy tuve que castigar un poco a mi hijo.
Hoy tuve que reprender un poco a mi hijo.
Lo puse en una esquina para que reflexionara.

Pero aún no había pasado mucho tiempo,
cuando alguien se acercó y se sentó a su lado.
Su amigo más fiel.
Su protector.
Su perro.
El perro se acercó en silencio,
se sentó junto a él,

y apoyó su cabeza en su hombro,
como queriendo decir:
“No estés triste, estoy contigo”.
Sin reproches,
sin preguntas —
solo paz, calor y lealtad.

En ese momento comprendí:
un perro no es solo una mascota.
Es parte de la familia,
un compañero del alma,
el amigo más sensible para un niño.
En su mundo,

no importa lo que hayas hecho,
ni si estás castigado.
Lo que realmente importa es:
“Te quiero y siempre estaré a tu lado”.
