Incendio en las instalaciones del almacén Blackwater.

Incendio en las instalaciones del almacén Blackwater.

La pausa de tres segundos tras el silencio de la radio le pareció eterna al capitán Ray Sullivan.

Permanecía en la estación 17, sujetando con fuerza el casco chamuscado de Daniel Brooks, cuando la radio volvió a activarse de forma repentina:

«Mayday… aquí Brooks… atrapado bajo el túnel este… no estoy solo».

A su lado estaba Lily —la niña a la que Daniel siempre había llamado el sentido de su vida—. Ella susurró:

«Papá dijo que ustedes sabrían dónde buscar…» y añadió en voz baja: «El viejo río todavía fluye bajo Blackwater».

Aquellas palabras arrastraron a Ray de vuelta a recuerdos enterrados.

En el lugar del incendio del almacén Blackwater, los equipos de rescate descubrieron una red oculta de antiguos túneles que conducían a un centro infantil abandonado de Santa Águeda.

Por la radio, Daniel había advertido: «Esto no es un incendio… es un enterramiento».

Más tarde, el equipo lo encontró atrapado bajo una viga en una sala extraña, cubierta de dibujos de estrellas, junto a una puerta con el símbolo de la luna, forzada desde el interior.

Daniel confesó que investigaba en secreto al Fondo Mercer, una organización dedicada a realizar experimentos aberrantes con niños, la memoria y la naturaleza humana.

Detrás de la puerta lunar se escuchaban voces infantiles. Entre ellas podría estar Ava, la hermana desaparecida de Lily.

Tras el rescate de Daniel, la policía reveló algo imposible: su esposa y su hija Lily habían muerto en un incendio seis años atrás.

Sin embargo, la niña estaba allí, viva.

En el hospital, Lily habló de la “habitación de las estrellas”, donde se experimentaba con los niños.

Luego apareció Ava, y la sala se inundó de agua negra, como si el pasado y la culpa de Daniel hubieran tomado forma física.

Cuando el agua engulló a Daniel, él desapareció junto con los ecos de los niños que no pudo salvar.

Después, Lily sacó del casco un antiguo llavero unido a una pulsera hospitalaria oxidada.

En la pulsera no aparecía el nombre de Daniel, sino el de Ray.

Ray comprendió entonces que él mismo había estado en aquella “habitación de las estrellas”, pero sus recuerdos habían sido borrados.

La radio volvió a encenderse. La última voz de Daniel sonó como una advertencia:

la ciudad está despertando… y el pasado aún no ha terminado su juego.

Y cuando un golpe seco volvió a resonar bajo el suelo del hospital, quedó claro: la puerta ya no estaba cerrada.

Estaba esperando a que Ray recordara la verdad.